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El lenguaje en escena

Paolo Virno




Creo que la noción de «espectáculo», de por sí bastante equívoca, constituye un instrumento idóneo para descifrar algunos aspectos de la multitud postfordista —que es una multitud de virtuosos, de trabajadores que, para trabajar, recurren a cualidades genéricamente «políticas».

El concepto de «espectáculo», acuñado en los años sesenta por los situacionistas, es un concepto específicamente teórico que no está muy alejado de la argumentación marxiana. Para Guy Debord (1), el «espectáculo» es la comunicación humana transformada en mercancía. Lo que se ofrece como espectáculo es precisamente la facultad humana de comunicar, el lenguaje verbal en cuanto tal. Como se puede observar, no se trata de una queja rencorosa contra la sociedad de consumo —siempre un poco sospechosa, porque se corre el riesgo, como le sucede a Pasolini, de añorar el pasado sin tener en cuenta sus zonas poco felices, sus carencias, etcétera. La comunicación humana, en cuanto espectáculo, es una mercancía entre otras, desprovista de prerrogativas y cualidades especiales. Pero, por otro lado, es una mercadería que concierne hoy a todos los sectores industriales. Ahí está el problema.

Por un lado, el espectáculo es el producto particular de una industria particular: la industria cultural. Por el otro, en el postfordismo, la comunicación humana es también un ingrediente esencial de la cooperación productiva; es decir, es la reina de las fuerzas productivas, algo que supera al propio ámbito sectorial y afecta a la industria en conjunto, a la poiesis en su totalidad. En el espectáculo se exhiben, en forma separada y fetichizada, las fuerzas productivas más relevantes de la sociedad, aquellas que necesariamente tiene que utilizar todo proceso laboral contemporáneo: competencias lingüísticas, saber, imaginación, etcétera. El espectáculo tiene entonces una doble naturaleza: producto específico de una industria particular y, al mismo tiempo, quintaesencia del modo de producción en su conjunto. Debord escribe que el espectáculo es «la exposición general de la racionalidad del sistema»(2). Las que dan espectáculo, por así decirlo, son las mismas fuerzas productivas de la sociedad en cuanto coinciden, en medida siempre mayor, con las competencias linguístico-comunicativas y con el general intellect.

La doble naturaleza del espectáculo nos recuerda un poco la doble naturaleza del dinero. Como ustedes saben, el dinero es una mercancía entre otras, fabricada por la Casa de la Moneda del Estado, constituida por un cuerpecito metálico o un trozo de papel impreso. Pero también tiene una segunda naturaleza: es el equivalente, la unidad de medida, de todas las otras mercancías. El dinero es particular y universal a la vez; y el espectáculo también. La comparación, sin duda tentadora, no nos lleva muy lejos. A diferencia del dinero, que mide el éxito de un proceso productivo ya concluido, el espectáculo concierne más bien a un proceso productivo in fieri, en su hacerse, en su potencialidad. El espectáculo, según Debord, muestra lo que hombres y mujeres pueden hacer. Mientras el dinero refleja en sí el valor de las mercancías, es decir lo que la sociedad ya hizo, el espectáculo pone en escena lo que el conjunto de la sociedad puede ser y hacer. Si el dinero es la «abstracción real» —para usar una clásica expresión marxista— que remite a las obras concluidas, al pasado del trabajo, el espectáculo es en cambio, según Debord, la «abstracción real» que retrae el operar en sí mismo, el presente del trabajo. Si el dinero se encapricha con el cambio, el espectáculo, comunicación humana devenida mercancía, privilegia la cooperación productiva. Podemos concluir así que el espectáculo, como capacidad comunicativa devenida mercancía, tiene una doble naturaleza, pero que es distinta de la del dinero. ¿Cuál es?

Mi hipótesis es que la industria de la comunicación —o mejor, del espectáculo; o la industria cultural— es una industria entre otras, con sus especificidades técnicas, sus procedimientos particulares, sus beneficios peculiares, etcétera, pero que, por otro lado, cumple también el rol de industria de los medios de producción. Tradicionalmente, la industria de los medios de producción es la industria que produce máquinas y otros instrumentos que se emplean luego en los más diversos sectores productivos. Sin embargo, en una situación en que los instrumentos de producción no se reducen a máquinas sino que consisten en competencias lingüístico-cognitivas características del trabajo vivo, es lícito sostener que una parte significativa de los así llamados «medios de producción» consiste en técnicas y procedimientos comunicativos. Y bien, ¿dónde se forjan estas técnicas y procedimientos si no en la industria cultural? La industria cultural crea —innova, experimenta— los mecanismos comunicativos que son destinados después a funcionar como medios de producción aún en los sectores más tradicionales de la economía contemporánea. Una vez que el postfordismo se afirma plenamente, éste es el rol de la industria de la comunicación: industria de medios de comunicación.


Notas
1.G. Debord, La societé du spectacle, 1967; trad. esp. G. Debord, La sociedad del espectáculo (edición no autorizada, [pero quizás la mejor en castellano: http://www.altediciones.com/ash/ash.htm]); también, Valencia, Pre-textos, 1999.
2. Ibidem, p. 28.



El lenguaje en escena es originalmente un capítulo del texto del mismo autor Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas, publicado en castellano por Traficantes de Sueños en 2003.

Paolo Virno (Nápoles, 1952) estudió Filosofía en la Università di Roma "La Sapienza". Durante la década de 1970 fue un activo militante de los movimientos obreristas, miembro de la organización Potere Operario y cofundador de la revista Metropoli. Ha publicado una gran cantidad de artículos y ensayos en periódicos y revistas especializadas, entre los que se cuentan Critica Marxista, Democrazia e Diritto,Studi Storici, Rinascita y Unitá. Asimismo, ha enseñado en diversas universidades y actualmente es profesor de Filosofía y Teoría del Lenguaje en la Università degli Studi Roma Tre. Entre sus libros traducidos al español se cuentan: El recuerdo del presente. Ensayo sobre el tiempo histórico (2003); Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas (2003); Virtuosismo y revolución. La acción política en la era del desencanto (2003); Cuando el verbo se hace carne. Lenguaje y naturaleza humana (2004); Palabras con palabras. Poderes y límites del lenguaje (2004), y Ambivalencia de la multitud. Entre la innovación y la negatividad (2011).