029

Sólo sé que lo sé todo. La doctrina
arquitectónica
Blanca Espigares Rooney




“La inteligencia no es […] la capacidad para resolver problemas, sino […] la capacidad para plantear
problemas.” Jose A. Marina

Platón, a través de un famoso diálogo, expone en su obra Teeteto o de la Ciencia su teoría del conocimiento
y, curiosamente, para poder explicarla, comienza reflexionando sobre el opuesto: el desconocimiento.
En la disertación aclara que la ignorancia consiste en creer que se sabe lo que no se sabe. Sócrates,
uno de los personajes que aparece, pronuncia su famoso “sólo sé que no sé nada”, evidenciando la
clave central de la teoría de Platón: el inicio del conocimiento es admitir que no se sabía nada y que sólo
se tenían opiniones. La ruptura con la ignorancia surge en el instante en el que una pregunta se expone
de tal modo que obliga a investigar, contrastar, refutar, demostrar y comprobar las hipótesis en busca
de una respuesta. Formular una pregunta implica, por tanto, anular la opinión o creencia que le impedía
ser pronunciada. Algo que a los arquitectos nos cuesta mucho.

El que se estén elaborando en la actualidad más tesis en arquitectura que antaño tiene dos explicaciones
fundamentales: la crisis y el cambio de sistema en la universidad española. Lo que me resulta más
sorprendente a nivel personal es que se critique que haya aumentado la producción de tesis. ¿Podemos
imaginar una disciplina que critique la búsqueda de conocimiento? Pues eso hacemos nosotros. La
producción de tesis en arquitectura ha sido señaladamente bajísima al lado de otras en el último siglo,
y actualmente que ha ascendido hasta un nivel cercano al de otras áreas universitarias, nos echamos
las manos a la cabeza. ¿No deberíamos alegrarnos de que se investigue por fin en arquitectura? (1) ¿No
será que el problema no es el número de tesis sino que nos creemos tan sobrados que no consideramos
necesario hacernos preguntas? La triste realidad es que no se están haciendo más tesis como primer
paso para vencer la ignorancia, como nos decía Platón, sino por una obligación burocrática, tratando de
cumplir el expediente más que de aumentar el conocimiento en arquitectura. Es el gran desprecio hacia
la investigación existente en la disciplina, como si no pudiera aportar nada. La definición de ignorancia
que daba Platón la hemos erigido doctrina: no nos hacemos preguntas porque creemos tener todas las
respuestas. Hasta hay sectores que defienden que una tesis debería ser un compendio de proyectos arquitectónicos realizados por uno mismo. Ese es uno de los ejemplos que mejor prueban que estamos
adoctrinados en la ignorancia, que creemos tener todas las respuestas.

No creo que debamos criticar que se vengan haciendo más tesis doctorales en los últimos años, porque
hacerse preguntas es el detonante para el conocimiento, sino que debemos reprocharnos que siendo
un país de referencia en arquitectura, ¿cómo es que ni siquiera nos hemos preguntado cómo debería ser
una tesis en nuestra disciplina?

(1) La arquitectura es por antonomasia la disciplina de dar respuestas, no de hacerse preguntas. Nuestra
misión es arrojar soluciones a los problemas que nos plantean. Es lo que aprendemos a hacer. Encontrar
soluciones para el proyecto planteado, para la construcción, para su ejecución. La duda no puede, o no
debe existir. En un proyecto no se investiga de la misma manera que en una investigación que pretende
o debe pretender aumentar o ampliar el conocimiento.


Mass-media for fake


Llama la atención que con lo versátil que es un arquitecto español, con la formación tan diversa, tan
pluridisciplinar que tenemos, no seamos capaces de ver más allá del producto. Parece que debe ser la
producción de objetos la que prevalezca muy por encima de otras opciones que por la naturaleza de
nuestra formación, estamos preparados para realizar.

Actualmente los arquitectos hemos evolucionado hacia la banalización del producto, midiendo el resultado
por su presencia mediática, espoleada por repositorios de imágenes que se arrogan la posición
de críticos sin serlo, y esta banalización ha dirigido nuestros procesos a líneas poco transmisibles, caóticas
y caprichosas. Porque si un proceso se puede explicar fácilmente, ya no “mola” nada. Y respecto
a esto, resulta curioso que siendo los que históricamente hemos generado un método de trabajo que
liga parte de investigación con intuición, con análisis holístico y búsqueda de soluciones prácticas, nos
hayan robado el método y los procesos. ¿Por qué? Porque sólo pensamos en producir para publicar y
cuanto más complejo se explique, mejor.

Se importan en la nueva docencia las dinámicas del trabajo en taller porque se han demostrado como
las más eficaces en el learning by doing, sacado directamente del modo en el que la arquitectura ha sido
impartida en las Escuelas desde el siglo XIX. El método que todas las empresas empiezan ya a aplicar y
que las de nuevas tecnologías importaron hace ya años es el Design Thinking, que no es más que el método
de proyecto que históricamente hemos aprendido durante la carrera. El análisis multicriterio que los
economistas pusieron en marcha hace ya décadas no es más que ordenar y priorizar factores, lo que hemos
hecho toda la vida en el desarrollo del proyecto. Sobrepasar la teoría para ir a soluciones prácticas,
lo que llaman el practice-led, es lo que la mayoría de las disciplinas y los proyectos I+D están pidiendo
actualmente en sus centros de investigación en el mundo entero. Proyectos de investigación que hayan
sido pensados y/o desarrollados bajo los criterios del design-led es lo que buscan las más prestigiosas
universidades del mundo. Formas de trabajar a las que otras disciplinas les han puesto nombre y que
nosotros aplicamos de forma natural, porque en los talleres de proyectos se aprende como parte innata
del proceso de proyecto.

Es decir, aprendimos y ejercemos con métodos que hoy en día son punteros en todos los ámbitos profesionales pero ni lo sabemos porque nuestro esfuerzo está puesto en producir objetos y posicionarnos
en el mass-media. Y mientras olvidamos la naturaleza de la disciplina, por qué somos escuelas y no facultades
y adornamos los procesos para que nadie pueda llegar jamás a entenderlos. Pero tranquilos, ya
otros explican nuestros métodos por nosotros.


La scuola di Atene, Raphael, 1509.



Este texto fue originalmente públicado en el blog de la Fundación Arquia.


Blanca Espigares Rooney. Arquitecta por la ETSA de Sevilla y como tal ha trabajado en concursos y
obras, aunque más en particular en restauración, ciudad, patrimonio y paisaje. En este campo, ha desarrollado
su tesis Cartografías superpuestas. Secciones urbanas de Granada. Bloguera y amante de
las tecnologías y las redes sociales, está implicada en el desarrollo de nuevas prácticas pedagógicas
a partir de ellas.